• Vanina Lourdes Jordan

Intención pura

Hay algo que pasa al comienzo de los ciclos, yo lo llamo el imprint, lo que se imprime en ese comienzo determina o da una pequeña muestra de cómo serán las pruebas del resto del ciclo.



Las pruebas son aquellas situaciones que nos desafían a ir por más, a demostrar cómo resolvemos o simplemente nos muestran cómo estamos actualmente.

Como las pruebas de los niños en edad escolar, tienen una prueba inicial para ver cómo están, pruebas parciales durante el ciclo de lo que van aprendiendo y una prueba final de todo el contenido del año.


La intención pura es para mi un pensamiento específico que ocurre al comenzar un nuevo ciclo, que acompaña y se imprime en ese comienzo. Como en la prueba escolar si algo no sabemos o no recordamos al principio, aunque iniciemos el ciclo así podemos ir corrigiendo durante el resto del curso. Esto funciona así, pero determinará que tendremos que hacer un esfuerzo para modificarlo y estaremos con este pensamiento cargando durante el recorrido.


Yendo al punto clave, la intención más pura es aquella que se hace por un fin altruista, un fin mayor a uno pero que nos mueve a realizar algo, vivir una nueva experiencia desde un lugar de plena apertura a aprender, dar, trabajar, lo que sea por este fin mayor a nosotros.


Cuando hacemos algo por otra persona por ejemplo dependemos de nuestros sentimientos, lo que pensamos y sentimos sobre esa persona para mantener una constancia lineal por ejemplo. Cualquier factor que modifique esa triada de sentir, pensar y hacer por un otro modificará nuestra voluntad de sentir, pensar y hacer por ese otro. Es completamente válido, lo que digo es que si lo hacemos por un bien mayor que no dependa de esa relación este objetivo o prueba se mantendrá dentro de un marco constante que determinará nuestra voluntad a largo plazo in crescendo, y no propensa a modificaciones fluctuantes en el medio.


Cuando hacemos algo, ¿por qué lo hacemos?

¿Qué pensamos en ese momento?, ¿con qué fuerzas salimos a hacer?


Nuestros vínculos primarios nos enseñan ese hacer por amor al otro. Cuando “perdemos” ese vínculo primario, la admiración o la persona físicamente nos queda esa voluntad truncada. Contemplar que nuestro amor estaba dentro nuestro y el otro nos motivaba a descubrir ese amor que habitamos sin saber, es lo que debería quedarnos de moraleja de ese vínculo. No perdemos ese amor o la posibilidad de dar/recibir, en verdad es lo que nosotros nos permitimos lo que experimentamos como real y eso es eterno en nosotros, una fuente habilitada de poder interno para hacer por amor cualquier cosa que queramos lograr o crear.


Es esa intención pura, ese amor dirigido a un bien mayor, ese motor que nos da ganas de salir andando a recorrer grandes distancias de procesos, de caminar, de pruebas por atravesar. Este año y cada nuevo ciclo nos espera, depende de nosotros esa fuerza que ponemos y renovamos para lograr amar lo que sea que nos propongamos.




La imagen de la nota es el ojo de papá, "una mirada" que pinté. Él ya no está físicamente. La fuerza de ese amor en acción yo la sacaba de ahí, las ganas de aprender sobre salud, alimentación, como desbloquear contracturas, para poder ayudarlo me llevó por un camino donde descubrí que todas las herramientas que aprendí en la vida fueron aprendidas por ese amor.





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