• Vanina Lourdes Jordan

Evitar la decepción

Que importante siempre partir desde un lugar sólido para poder acompañar a otra persona.



En primera instancia no podemos negar lo que nos pasa, sí podemos ver que algo está sucediendo y sanar nuestra forma de dirigirnos ante eso. Desde ahí es que podemos evitar una decepción.


Si me propongo trabajar en mi proceso personal sobre la decepción lo primero que pienso es “que estaba esperando algo de alguien mas y como eso no sucedió, me decepciono”. Luego empiezo a desglosar la frase.


¿Por qué espero algo de alguien?

¿Qué me genera en verdad que eso no suceda?

Desde acá es desde donde empiezo a poner en orden mi sentir, porque en verdad siempre pero siempre proyectamos en los demás.


Es como una constante en nuestros procesos de vida.


Me detengo para ilustrar esto con un ejemplo.


Imaginá que soy una persona que le cuesta mucho tener orden en su habitación, en su casa. Tardo mucho en ordenar y me cuesta mantenerlo por varios días.
¿Que pasa si viene alguien a vivir a mi casa y desordena mi tan costoso orden? ¡Me enojo!. Yo esperaría que alguien que viene a vivir conmigo sea ordenado y que para nada desordene mis cosas. ¡Que respete!. Cuando esta persona desordena algo me enojo y me encuentro exigiendo lo que corresponde.

Este es un caso desde el enojo, una cara del dolor, la que expresa con bronca. La otra cara del dolor: la tristeza, la que no expresa.

Me pasaba cuando estudiaba en el colegio que tardaba mucho para estudiar, me dedicaba horas a realizar redes conceptuales, pasar los resumenes y me enojaba que mis compañeros vinieran al día siguiente a pedirme alguna tarea que tanto me había costado hacer, (solo porque me gustaba dedicarme no porque me costara aprender). Sin embargo no podía comunicarlo, me costaba decir que no la quería pasar por esta razón, que me parecía injusto. Quizás terminaba pasando la tarea y me sentía mal por no haber podido decirlo, poner el límite y respetarme.


Tanto si sentimos enojo o tristeza la prueba se trata de entender que hay algo que a nosotros nos cuesta mucho esfuerzo, que nos enojamos o entristecemos con nosotros mismos por no lograrlo o el esfuerzo que nos requiere lograrlo y hacerlo valer.

Cuando viene otra persona y nos arrebata ese esfuerzo nos decepcionamos de nosotros mismos primero, luego proyectamos el dolor que nos genera no poder poner límites en el otro porque no pudimos ponerlo primero en nosotros.


El patrón es “nos cuesta a nosotros primero lograr algo”, “evadimos la prueba”, “seguimos adelante” y “la prueba vuelve aparecer pero afuera”.

Por otro lado, podemos ver un caso más cercano a la idea de decepción.


Tengo una atención amorosa con un ser querido y no recibo el mismo trato del otro lado, por ende me decepciono.

Se nos pueden "despertar", “activar” diferentes emociones pero aquí nos encontramos con otro caso de decepción. En este caso estamos esperando recibir algo, dimos amor y no volvió.


Acá quiero detenerme en otro apartado importantísimo a la hora de relacionarnos con un otro para entender por qué nos decepcionamos.


Me gusta hablar de cualidades de las personas asociandolas a colores. Por ejemplo alguien ordenado, que toma la acción, trabaja con disciplina, le importa valorar el tiempo podría ser una personalidad Azul. El azul habla de poder, abundancia, control.

Una persona que pone siempre sus sentimientos para manejarse en la vida, le gusta la belleza, la armonía de las cosas, es afectuosa y puede demostrarlo abiertamente podemos decir que tiene una personalidad Rosa.

Y una persona que piensa, analiza, trata de entender las lógicas del funcionamiento de las cosas, investiga y busca la profundidad, la raíz de los hechos podríamos decir una personalidad más Dorada “Amarilla”.


Desde acá y para ilustrar lo que quiero decir, las personas damos desde nuestro color: Amor.

Una persona Azul nos alimentará, dedicará tiempo valioso de su vida para escucharnos, nos proveerá de cosas útiles que podamos usar para hacer más fácil nuestras vidas. Una persona Rosa nos escuchará desde el sentimiento ante un problema, nos entenderá, dirá constantemente palabras de afecto y nos hará saber que podemos contar con ella siempre que necesitemos un oído. Una personalidad Dorada nos aconsejará desde un lugar de sabiduría, más neutral, tratando de entender la situación, nos dará información sobre algún tema para que podamos aprender de su fuente, dirá la palabra justa.


Muchas veces damos esperando recibir eso que tanto queremos y apreciamos ya que es nuestra propia forma de dar amor porque es lo que más conocemos.


“Yo espero poder hablar en profundidad siempre, pero no siempre puedo con todas las personas y me decepciono”.

Hace tiempo vengo viendo como es introyectar las cualidades del Azul por ejemplo, y es en este ejercicio de entender de qué manera ama un azul que puedo comprender la forma en la que voy a recibir amor de un Azul.


Es un gran y hermoso ejercicio ver la vida por colores para entender que necesitamos aprender de quienes nos rodean, esto nos hace entender su mundo y nos enseña a interpretar la forma que tienen de dar Amor.


Ahí dejamos de esperar algo en particular y aprendemos a recibir lo que pueden y están dispuestos a darnos los demás.


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